Adoración vs Espectáculo

por | Ene 9, 2020 | consejos, grupos de alabanza | 0 Comentarios

Hoy en día la mayor crítica que suelen recibir los grandes grupos de alabanza y las grandes iglesias es la inmensa inversión de dinero que se realiza en luces, equipos de sonido, material para escenografías, marketing, etc. 
 
La crítica viene, en primer lugar porque siempre, en nuestras mentes, hay algún propósito mejor que se le puede dar al dinero que en fuegos artificiales o micrófonos caros. Y en segundo lugar porque se acusa a estos grandes grupos de alabanza de utilizar el espectáculo para atraer a personas a los pies de Jesús (conversos e inconversos) y no el mero evangelio.
 
Todas estas conversaciones y opiniones y sentimientos que nacen de lo que hacen otros grupos de alabanza siempre tienen una profundidad mayor de la que se puede observar a simple vista.
Realmente podríamos abstraer este tema de los grupos de alabanza y hablar sobre esos pecados que alimentan los celos, la rabia o los chismes, pero en esta ocasión me gustaría hablar de cómo la adoración se puede convertir en un espectáculo y al mismo tiempo de cómo un espectáculo puede ser adoración.
Pero antes, una reflexión.
 

El espectáculo del fútbol

Hace ya muchos años, en una conversación casual con mi madre ella argumentaba que el fútbol había dejado de ser un deporte y se había convertido en un espectáculo. El argumento de peso era que el propósito del fútbol era atraer a espectadores y no la práctica del fútbol en si mismo.
Esto tiene mucho de realidad cuando a principios del 2019, PwC desvelaba que el fútbol español suponía el 1,37% del PIB de la nación.
Toda la maquinaria futbolística, todo el soporte depende de atraer a espectadores. Existe para y por los espectadores.
 
Si hacemos una analogía entre el fútbol y la adoración y alabanza congregacional ¿De qué depende?  ¿Para y por quién existen los grupos de alabanza? La respuesta es la misma.
Pero en singular.
 

Para qué existe un grupo de alabanza

Un grupo de alabanza existe para y por el Único espectador que merece recibir toda la alabanza y toda la adoración que un grupo de alabanza pueda dar.
El problema de muchos grupos de alabanza es confundir al público objetivo. Nuestro público objetivo es Dios mismo. Nuestro espectador es Dios. No la iglesia que está cantando unos escalones más abajo. No. Es a Dios al que queremos agradar, es a Dios al que queremos glorificar.
Más trascendente y práctico: Es a Dios al que queremos que les guste nuestras canciones, nuestros solos de batería nuestra iluminación y el movimiento de nuestras manos.
Cuando comprendemos que es Dios nuestro espectador objetivo comenzamos a ver las cosas de una manera distinta.
 
En una empresa de marketing cuando se va a trazar una estrategia para vender un producto y obtener muchos beneficios, una de las primeras cosas que se hace es analizar al público objetivo. Dependiendo de las personas destinadas a tu producto, deberás publicitarte de ciertas maneras, colocar ciertas ofertas, utilizar un tipo de lenguaje concreto, estudiar sus aficiones, observar en qué está interesado. De esa manera esa campaña de marketing tiene muchas más posibilidades de ser efectiva.
 
De la misma forma, todo grupo de alabanza debe comprender que su público objetivo es Dios en las alturas y en nuestros corazones y por lo tanto cada decisión, cada acuerdo, cada idea creativa, cada compás debe estar alineado con agradar a nuestro único espectador: DIOS.
 
Y es difícil, ¿Por qué? Porque el grupo de alabanza moderno es una invención humana. Una buena invención humana, si, pero como humana que es da pie a muchas complicaciones. Y resulta muy complejo estar ahí, ofreciendo buena música, y un buen espectáculo delante de otras personas y al mismo tiempo recordar que tu público no es los que están frente a ti, sino Dios mismo, que conoce cada intención de nuestros corazones.
 

Por eso aquí tienes 4 consejos para ayudarte a entender y poner en práctica cómo el espectáculo se puede convertir en adoración y cómo la adoración puede ser espectacular.

alabanza o espectáculo
 

1. Redirigir la atención

El grupo de alabanza atrae la atención de la congregación y acto seguido la redirige hacia Dios mismo. Es decir, la función del grupo de alabanza es decirle al resto de la iglesia local: Ey! Hola! Escúchame! ¿Ya me estás escuchando? Ok, genial! Ahora adora a tu Dios.
Esto es un problemón enorme. Enorme. 
 
Realmente no es práctico ni funcional en la alabanza. Porque es muy difícil salir de atender a personas para comenzar a atender a Dios. Solemos quedarnos atontados en lo bien que cantan, tocan, bailan, se expresan, etc. Somos así de ridículos, siempre tratando de glorificar a otros en vez de a Dios.
Este es uno de los grandes problemas de haber inventado los grupos de alabanza.
Pero si te he dado este consejo es porque tiene sentido.
¿Qué puedes hacer entonces?
 
La mejor práctica que he observado (en cuanto a el uso del espectáculo) es utilizar todo lo que esté en tu mano para que lo más importante del escenario sea la iluminación y las letras. Sobre todo las letras. 
Evidentemente es más fácil hacerlo con escenarios enormes donde las personas se ven enanas. Pero es sencillo darle prioridad a la letra: Un espacio de proyección mucho más grande hace a la letra más importante en el escenario, por ejemplo. Juega con la iluminación todo lo que puedas para que los miembros del grupo de alabanza se vean menos y todo lo demás mucho más. Puedes buscar muchas más ideas en sitios como este.
Las luces, visualmente, cumplen el papel de abstraer a cada individuo y concentrar su atención en un punto concreto: La letra. La letra de las canciones cristianas es el mayor valor que tienen por tanto nuestros esfuerzos se deberían centrar en colocarlas como el principal aspecto visual del tiempo de alabanza y adoración.
 

2. No existe un centro, no hay un primero. Sólo Dios.

Parafraseando al Dios del universo: Oísteis que fue dicho; en la alabanza lo primero es Dios, el centro es Dios, mas yo os digo; en la alabanza: Lo ÚNICO es DIOS.
Booom!
 
Exacto, Dios es la única cosa que importa en la alabanza. ¿Qué aprendimos antes? Que es nuestro espectador. Nuestro público.
Las otras personas que están con nosotros tanto en el grupo de alabanza como en el resto de la congregación son más personas, como tú, cantando a ese mismo Dios.
No importa nada. Repito: NO IMPORTA NADA más que Dios y como Dios quiere que se le adore.
Podemos estar de acuerdo en que Dios es el centro y lo primero en nuestras vidas. Podemos estar de acuerdo en que hay otras cosas más en nuestras vidas y que la clave de una vida en abundancia reside en que Dios esté en el centro y en lo más alto. Vale.
 
Pero no hay competencia en la adoración congregacional. 
No hay orden piramidal ni prioridades de atención.
Cuando adoras, Dios no es lo más importante, es lo único.
 
Esto se puede llevar a cabo de muchas maneras distintas, pero realmente se trata de una verdad que debemos atesorar en nuestro corazón para que afecte a todos los ámbitos de nuestras vidas.
 

3. Todos al mismo nivel.

Entender que la adoración congregacional es desde el ser humano hasta Dios es clave para abandonar toda tentativa de altivez u orgullo.
Desde el ser humano hasta Dios. El grupo de alabanza no es un medio, no pasa a través de nosotros, no estamos en una situación más importante ni intercesora. No. Interpretamos música para adorar, junto con el resto de la iglesia a nuestro Dios.
 
  • De manera práctica, muchas iglesias, cada vez más, están construyendo escenarios al mismo nivel que el resto de personas. En el resto de la liturgia puede parecer un problema porque en anuncios o exposiciones de la Palabra si tiene importancia ver a la persona que está en frente. 
  • Otras iglesias dejan los escenarios altos pero el grupo de alabanza tiende a situarse en otros lugares más cercanos a la congregación.
  • Otras iglesias (y también en muchos eventos) el grupo de alabanza se coloca en el centro del lugar rodeado de toda la congregación. Esto incluye al grupo en la iglesia y no lo hace como algo a parte.
  • En iglesias más grandes con retransmisión en directo en pantallas suelen apuntar a la congregación cantando, lo cual muestra que realmente el grupo de alabanza somos todos y no existe diferencia en cuanto a adoración.
  • Algo práctico y que tiene que ver con las formas y no con el diseño podría ser tener más tiempo donde la congregación cante sola. Más canciones a capella. Demostrar que no necesitamos todo lo que tenemos de más para adorar genuinamente.
 
Hay muchas más maneras prácticas de ponernos todos al mismo nivel en el momento de la adoración, pero como en el punto anterior, la mejor manera práctica es entender que somos todos simples criaturas glorificando a Dios. No importa que estés de rodillas y al fondo donde nadie te ve o interpretando el mejor solo de guitarra del disco delante de miles de personas.
 

4. Conoce a tu Dios

Adoramos a Dios por lo que es y por lo que ha hecho. 
¿Cómo vamos a adorarlo en Espíritu y en Verdad si no le conocemos?
Y aquí está la clave de todo. Porque si la adoración genuina sólo es posible en el conocimiento de Dios; conforme vayamos conociéndole y conforme ese conocimiento vaya transformando de manera práctica nuestras vidas estaremos más capacitados para decir: 
Te adoro Dios porque has hecho esto, porque haces eso y harás aquello.
Te adoro Dios porque eres de esta manera y de esta otra.
 
Por tanto:
La adoración real proviene de un corazón transformado y una mente conocedora de quien es Dios y lo que ha hecho. 
No proviene de las luces ni de las melodías, ni del arte.
 
Pero:
El arte, las luces, las melodías, las armonías, la instrumentación, la danza, las letras, todo ello son maneras humanas de expresar nuestra adoración. 
Es nuestra adoración y nuestra transformación a la imagen de Jesucristo la que hace posible que todas estas expresiones tengan sentido, pero es que todas estas expresiones tienen sentido si nacen de conocer y entender al Dios que adoramos.
 

CONCLUSIÓN

  • El espectáculo de la adoración comienza desde nuestro corazón conforme vamos conociendo a Dios y vamos siendo transformados y alcanza hasta donde Dios mismo permita a cada individuo, a cada iglesia local y a Su Iglesia llegar.
  • Dios es el único espectador real de nuestra adoración.
  • Nuestras expresiones de adoración, si nacen del conocimiento y la transformación genuinas de nuestras almas, también son aceptadas por Dios.
¿Qué opinas de este tema? ¿Estás de acuerdo? ¿Qué opinas de las iglesias que invierten mucho dinero, esfuerzo y tiempo en este tipo de ministerio?
Deja tu comentario!!
 
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